Obras maestras del Prado: la colección imprescindible
El Museo del Prado es el mayor repositorio de pintura europea de los siglos XV al XIX del mundo. Más de veinte mil obras, de las cuales unas mil setecientas se muestran en sus salas, forman una colección única que fue acumulada durante siglos por la Corona española: Carlos I, Felipe II, Felipe IV, Carlos IV… cada monarca añadió sus capas. El resultado es un museo que no se puede ver en un día, pero cuyas obras imprescindibles sí pueden recorrerse en una mañana bien organizada.
Cómo está organizada la colección del Prado
La colección del Prado se distribuye en tres plantas del edificio Villanueva y en las salas del claustro de los Jerónimos. La organización es fundamentalmente cronológica y por escuelas nacionales:
- Planta baja: Velázquez y la pintura española del siglo XVII (salas 009–016), pintura flamenca del siglo XV y XVI, El Bosco (salas 056A–058), escultura clásica y pintura italiana.
- Planta primera: Tiziano y la escuela veneciana, El Greco, Rubens y la pintura flamenca del siglo XVII, Murillo y Zurbarán, Goya (salas 032–044 y 064–067).
- Planta segunda: Fra Angelico, Rafael y el Renacimiento italiano, Durero, Pintura española de los siglos XVIII y XIX.
- Claustro de los Jerónimos: exposiciones temporales y algunas obras en depósito.
Velázquez: el genio sevillano de la sala 012
Diego Velázquez (Sevilla, 1599 – Madrid, 1660) es el artista central del Prado y, para muchos críticos, el mejor pintor europeo de todos los tiempos. El museo conserva su obra más completa: desde los bodegones sevillanos de juventud hasta los grandes retratos de madurez.
Las obras imprescindibles:
- Las Meninas (1656, sala 012): La obra cumbre de la pintura española y una de las más comentadas de toda la historia del arte. Una composición de laberíntica complejidad que representa a la infanta Margarita, sus damas, los enanos de palacio, el propio Velázquez y el reflejo de los reyes en un espejo. El cuadro que más páginas ha generado en la crítica de arte occidental.
- Las hilanderas (c. 1657, sala 009): Una escena de manufactura de tapices en la Real Fábrica de Tapices de Madrid que esconde, en el fondo iluminado, una alusión al mito de Aracne. La segunda gran obra conceptual de Velázquez, menos visitada que Las Meninas pero igualmente fascinante.
- La rendición de Breda (1635, sala 009): También conocida como Las lanzas, es el cuadro de historia más ambicioso de Velázquez. El general español Ambrosio Spínola recibe las llaves de la ciudad holandesa de Breda del comandante vencido con una generosidad inusual en la pintura bélica de la época.
Goya: de la corte a las Pinturas Negras
Francisco de Goya (Fuendetodos, 1746 – Burdeos, 1828) es el otro gran nombre del Prado, el pintor que conecta el siglo XVIII con la modernidad. El museo conserva la mayor y más completa colección de Goya del mundo, con obras que van desde los luminosos cartones para tapices de su juventud hasta las aterradoras Pinturas Negras de su vejez.
- La maja desnuda y La maja vestida (c. 1797–1800 y c. 1800–1808, sala 036): Dos lienzos concebidos como pareja. La maja desnuda escandalizó a la Inquisición española —fue uno de los cuadros que motivaron la apertura de un expediente contra Goya— por ser uno de los primeros desnudos femeninos no mitológicos de la pintura española.
- El 3 de mayo de 1808 (1814, sala 064): La denuncia más poderosa que el arte ha hecho nunca del fusilamiento de civiles. Un hombre con camisa blanca levanta los brazos ante el pelotón de ejecución con un gesto que condensa toda la impotencia y el horror de la guerra.
- La familia de Carlos IV (1800, sala 032): Un retrato de grupo que Goya convirtió en una radiografía despiadada del poder: la familia real aparece aquí como una burguesía adinerada sin grandeza, con expresiones que oscilan entre la indiferencia y la vacuidad. Velázquez pintó a los reyes como dioses; Goya los mostró como son.
- Saturno devorando a un hijo (1820–1823, sala 067): La más perturbadora de las Pinturas Negras. Un titán de ojos desorbitados devora el cuerpo de uno de sus hijos. Goya pintó esta obra directamente sobre el muro de su casa, la Quinta del Sordo, sin destinarla a ningún comprador. Es un documento de la psique de un genio al borde del abismo.
El Greco: el visionario de Toledo
Doménikos Theotokópoulos, El Greco (Candía, Creta, c. 1541 – Toledo, 1614), llegó a Toledo en 1577 procedente de Italia y desarrolló allí uno de los estilos más originales del Renacimiento tardío: figuras alargadas, colores intensos, luces irreales, composiciones que parecen a punto de evaporarse hacia lo espiritual. El Prado conserva más de cuarenta obras suyas, la mayor colección pública del mundo.
- La Trinidad (1577–1579, sala 009B): Pintada para el retablo del convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, esta obra de gran formato muestra a Dios Padre sosteniendo el cuerpo de Cristo muerto rodeado de ángeles, en una composición de fuerza espiritual abrumadora.
- El caballero de la mano en el pecho (c. 1580, sala 009B): El retrato más misterioso y célebre de El Greco. Un hombre de negro apoya la mano en el pecho en gesto de juramento o de fidelidad; su identidad sigue siendo un enigma. La intensidad de la mirada y la perfección del gesto hacen de este retrato uno de los más memorables de la pintura española.
El Bosco: el visionario flamenco
Jheronimus Bosch, El Bosco (s'-Hertogenbosch, c. 1450 – 1516), es el pintor más enigmático de la colección del Prado. Su obra —plagada de criaturas fantásticas, pecados, infiernos y paraísos— fue incomprensiblemente adorada por Felipe II, el rey más austero y religioso de la historia de España. El monarca acumuló veintitrés pinturas de El Bosco, buena parte de las cuales ingresaron en el Prado.
- El jardín de las delicias (c. 1490–1510, sala 056A): El tríptico más ambicioso y discutido de toda la historia del arte. El panel izquierdo muestra el paraíso; el central, una fantasmagoría de cuerpos desnudos entregados al placer; el derecho, un infierno musical y aterrador. Siglos de interpretaciones no han agotado su misterio.
- La mesa de los pecados capitales (c. 1505–1510, sala 056A): Una pintura circular que representa los siete pecados capitales alrededor de un ojo que todo lo ve, con el lema Cave, cave, Deus videt (Cuidado, cuidado, Dios lo ve). También perteneció a Felipe II.
Tiziano: el pintor de los emperadores
Tiziano Vecellio (Pieve di Cadore, c. 1488/1490 – Venecia, 1576) fue el pintor favorito de Carlos I y de Felipe II. El Prado conserva la mayor colección de Tiziano fuera de Italia, con más de cuarenta obras que abarcan toda su carrera.
- Carlos I en la batalla de Mühlberg (1548, sala 027): El retrato ecuestre más importante del Renacimiento europeo. El emperador aparece a caballo, con armadura, en el atardecer de la batalla. La pose y la monumentalidad del formato definieron el retrato de aparato para los siglos siguientes.
- Venus recreándose con el amor y la música (c. 1555, sala 044): Una de las poesie mitológicas que Tiziano pintó para Felipe II. La figura reclinada de Venus, la música y el paisaje veneciano crean una de las imágenes más sensuales y melancólicas del Renacimiento.
Rubens: la exuberancia flamenca del siglo XVII
Peter Paul Rubens (Siegen, 1577 – Amberes, 1640) fue el pintor más influyente del Barroco europeo y un diplomático que visitó la corte española en dos ocasiones. El Prado conserva más de noventa obras suyas.
- Las tres gracias (c. 1630–1635, sala 029): El testamento pictórico de Rubens. Las tres diosas del encanto —Aglaya, Eufrósine y Talia— se abrazan en un paisaje arcádico. El cuadro fue comprado por Felipe IV a la muerte del pintor y es la obra más solicitada de Rubens en el Prado.
- El jardín del amor (c. 1633, sala 029): Una escena de galanteo cortesano en la que Rubens, ya anciano, se retrató a sí mismo con su joven esposa Hélène Fourment. Una celebración de la vida y del amor en estado puro.
Durero, Fra Angelico y Rafael: los maestros del Norte y del Renacimiento italiano
La colección del Prado no se limita a la pintura española y flamenca. Alberga también obras de los grandes maestros alemanes e italianos del Renacimiento:
- Alberto Durero: Autorretrato (1498, sala 055B): Pintado cuando Durero tenía veintisiete años, es uno de los primeros autorretratos de la historia de la pintura en los que el artista se representa como un caballero elegante, en pie de igualdad social con sus comitentes. El detalle de los encajes y el guante es ya una demostración de virtuosismo técnico sin igual.
- Fra Angelico: La Anunciación (c. 1425–1428, sala 049): La tabla más antigua del Prado. El ángel Gabriel anuncia a la Virgen María su maternidad en un pórtico de arcos que refleja la arquitectura florentina del primer Renacimiento. La pureza cromática y la serenidad espiritual de Fra Angelico no tienen parangón en la pintura del siglo XV.
- Rafael: El cardenal (c. 1510–1511, sala 049): Uno de los retratos más misteriosos del Renacimiento italiano. Un cardenal de mirada penetrante y expresión indescifrable cuya identidad no se ha podido determinar con certeza. La economía de medios y la intensidad psicológica del retrato lo sitúan entre las mejores obras de Rafael.
Descubre la colección con guía
La colección del Prado es tan extensa que una visita guiada marca la diferencia: te ayuda a orientarte, a conectar las obras entre sí y a no perderte las piezas clave en la maraña de salas.
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Preguntas frecuentes sobre la colección del Prado
¿Cuántas obras tiene el Museo del Prado?
Más de 20.000 obras en total; unas 1.700 se exhiben en las salas. El resto se conserva en depósito o en sede de otras instituciones.
¿Cuál es la obra más famosa del Prado?
Las Meninas de Velázquez (1656) es la obra más célebre y visitada del museo.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Prado?
Para las obras más importantes, entre dos horas y media y tres horas. Una visita guiada de dos horas cubre lo esencial con contexto.
¿Qué obras de El Greco hay en el Prado?
El Prado tiene la mayor colección pública de El Greco del mundo, con más de cuarenta obras. Destacan La Trinidad y El caballero de la mano en el pecho.
Contenido revisado por el equipo de Ticket Visit · junio 2026.
